viernes, 4 de mayo de 2012

Continuación de ¿Dilatación?

Los ojos, pues, han estado buscando entre la semántica y la pragmática (entre los paradigmas que éstas muestran) de las palabras escritas un algo, un poco, una reminiscencia maldita que les recuerde a sí mismos, que les haga reflexionar sobre el ser que los "domina" y en el cual la cognición de éste puede -si se lo consienten-- determinar las acciones y alcances de aquéllos; una conexión indispensable y tormentosa entre ese ser y sus antecesores, contemporáneos y sucesores; pero también, una brizna de la nada y del todo, de lo infinito y lo finito, sobre todo de lo finito.
Y esa brizna los acerca a la posibilidad de vislumbrar, aún desde muy lejos, la calma que no nace de la serenidad y la certidumbre enacialquier, sino de los antónimos de éstas. Entonces la reacción es inmediata: buscar, localizar las manchas casi formes de colores en las paredes, en los techos, en la mesa, en la cama, hasta que paulatinamente van siendo desaparecidas por la cognición caprichosa (con humos de hegemonía y universalidad) de la mente del observador. Sin embargo, los ojos ya han sido testigos y no lo olvidarán. Consciente o inconscientemente, a cada momento del día, ellos se distraerán, se alejarán de lo que la pupila pretende enfocar para percibir, tocar, sentir el umbral de la sutil relación entre una, cuatro o varias entrelíneas y lo que no se ha leído (por lo menos no en este lenguaje o en alguno conocido). Se renueva así esa calma del desorden y la alteración equilibradora. Todavía se puede considerar el qué pasa y el qué me pasa...  



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