No es que, propiamente, me confortaran esas decoloraciones en la pared que mis ojos nombraban y las hacían ostensibles; era más bien un reproche delirante por no encontrar las palabras, las letras de los libros leídos, en los colores que, poco a poco, van dejando de ser un algo... Tú, ¿lo has sentido?
lunes, 30 de julio de 2012
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